28.02.2016
Aquello que pasó, aquello que nos hizo sentir, que nos hizo volar. aquello fue amor, y no uno de esos de verano, fue amor de dos años. Un amor que con cada estación traía un sabor distinto. En otoño sabía a baklava, tu mano enlazada a la mía y esos largos paseos por el puerto de Estambul. En invierno el sabor era dulzón, algo así como a fresas con chocolate derretido, los dos en el suelo con la manta, frente a la chimenea. En primavera cambió. Se volvió afrutado y ácido como tu limonada casera, solo que esta vez, la nata manchaba tu nariz. El verano más que por sabor, destacó por sonidos: el sonido de las olas al romper en la playa, el sonido del Big Ben y tu respiración tranquila al tomar el sol en la arena. Pero lamentablemente no hubo más estaciones, o eso acordamos. El amor pasó igual que el tiempo. Se fue rápido, dejando dolor y soledad a su paso, pero sin mirar atrás. Y cuando te veo a lo lejos no me cabe en la cabeza que unos besos tan dulces dejaran tanta amargura al irse.
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