Existen pocas palabras que describan lo que uno siente al mirar atrás y descubrir todo un año repleto de oportunidades perdidas, ocasiones en las que la otra opción habría bastado para romper el silencio; días oscuros cuya lluvia baña los ojos de una mirada vacía, la ausencia de acciones y el miedo siquiera a realizarlas.
Horas de calma, nuevas caras que como semáforos, regulan el tráfico de sentimientos encerrados en un espacio ausente; leves indicios de libertad seguidas por grandes responsabilidades que trazan las líneas que dividen la desesperación de la locura; incluso alguna sonrisa perdida que busca ser encontrada.
Se suman las caídas, los golpes y las heridas que nunca cicatrizan.


No hay comentarios:
Publicar un comentario